El profesor piensa que su papel se limita a enseñar y que el estudiante vive para aprender. La acción educativa es un acto social y como toda acción social consiste en modos de obrar, de pensar y de sentir. Sobre ideas y sentimientos humanos, descansan las prácticas educativas.
El docente debe conocer que el alumno está sumido en una atmósfera de ideas y sentimientos colectivos que no se pueden modificar a voluntad. El afecto juega un papel esencial en el funcionamiento de la inteligencia del escolar. Sin el afecto no habría intereses, necesidades, ni motivación. El afecto es una condición necesaria para la constitución de la inteligencia.
El alumno determina su conducta actual en base a las experiencias vividas por lo tanto, los recuerdos inconscientes y los sentimientos determinan su conducta. Se interesa, siente placer, se entusiasma, siente pasión; estos sentimientos aceleran su desempeño escolar con mayor esfuerzo, y en caso de éxito se sentirá feliz. No existen actos de inteligencia o de cambio de actitudes conductuales sin interés como punto de partida, y sin una regulación afectiva durante el proceso enseñanza y aprendizaje.
El afecto explica la aceleración o el retardo de la formación de estructuras cognoscitivas (conocimiento). Aceleración en el caso de interés y necesidad. Retardo cuando los estados afectivos son obstáculos para el desarrollo intelectual.
La educación es ante todo el estudio del ser humano. Las relaciones que se establecen entre los alumnos y profesores constituyen una fuente básica de aprendizajes. Cuanta responsabilidad entonces para el educador, que debe tener el tacto bien fino para que con sus actitudes verbales y no verbales coadyuve con el sano desarrollo de los jóvenes. El contenido lingüístico de uso común que se recomienda al docente emplear en la interacción social escolar, deben llevar cargas positivas que aludan a las emociones de los escolares; que provoque el dar más de lo común en los alumnos, que ese aliento que vierta el maestro se transforme en una necesidad como el paso del estado encogido y pasivo, al estado activo, transformador radical del alumno.
El disfrutar el éxito gracias a los logros individuales, le permite al escolar trascender y ascender desde el abismo hasta la cima del Everest. La afectividad es la esfera mágica que ofrece al maestro respuestas a los problemas conductuales y académicos de los alumnos y permite al docente que realiza la praxis educativa palpar resultados como productos objetivos. Aquellos alumnos que nunca brillaron y destacaron como buenos alumnos, logran cambios notorios en sus resultados escolares.
Es conveniente que se sustituya el rol autoritario y déspota del maestro por una actitud más gentil de comprensión recíproca. Es prudente que el alumno no se sienta cercado por castigos, prohibiciones, censuras y actitudes que lo ridiculicen. El maestro no debe cansarse de perdonar los desaciertos de sus discípulos y ofrecer a cambio múltiples oportunidades.
Sin duda que los aspectos negativos de los seres humanos no edifican ni construyen a otros, por lo tanto, es benéfico para el ideal como fin, exhibir en la interacción social las actitudes positivas de los educandos. Hacer grandes los detalles a priori de los alumnos. Evidenciar lo mejor que posee y aporta cada estudiante.
Muy pocas personas se preguntan ¿A costa de qué mi hijo obtuvo 10 de calificación? Por otro lado se cuestionarán los profesores ¿A costa de qué logran resultados satisfactorios mis jóvenes estudiantes? No se pretende afirmar que en todos los casos los escolares obtienen buenas notas por presiones de los padres y maestros, por interés de obtener una recompensa, por autoritarismo, o porque a pesar de cualquier adversidad o situación ambiental ese alumno obtendrá notas satisfactorias.
Es conveniente que el alumno aprenda los contenidos educativos por el placer mismo del saber, por lo tanto, para enseñar a los alumnos hay que amarlos, el maestro debe buscar el camino que lo lleve al corazón de cada estudiante. Sólo entonces el maestro puede educar en ellos el sentimiento de alegría y amor por el trabajo.
Xóchitl
El docente debe conocer que el alumno está sumido en una atmósfera de ideas y sentimientos colectivos que no se pueden modificar a voluntad. El afecto juega un papel esencial en el funcionamiento de la inteligencia del escolar. Sin el afecto no habría intereses, necesidades, ni motivación. El afecto es una condición necesaria para la constitución de la inteligencia.
El alumno determina su conducta actual en base a las experiencias vividas por lo tanto, los recuerdos inconscientes y los sentimientos determinan su conducta. Se interesa, siente placer, se entusiasma, siente pasión; estos sentimientos aceleran su desempeño escolar con mayor esfuerzo, y en caso de éxito se sentirá feliz. No existen actos de inteligencia o de cambio de actitudes conductuales sin interés como punto de partida, y sin una regulación afectiva durante el proceso enseñanza y aprendizaje.
El afecto explica la aceleración o el retardo de la formación de estructuras cognoscitivas (conocimiento). Aceleración en el caso de interés y necesidad. Retardo cuando los estados afectivos son obstáculos para el desarrollo intelectual.
La educación es ante todo el estudio del ser humano. Las relaciones que se establecen entre los alumnos y profesores constituyen una fuente básica de aprendizajes. Cuanta responsabilidad entonces para el educador, que debe tener el tacto bien fino para que con sus actitudes verbales y no verbales coadyuve con el sano desarrollo de los jóvenes. El contenido lingüístico de uso común que se recomienda al docente emplear en la interacción social escolar, deben llevar cargas positivas que aludan a las emociones de los escolares; que provoque el dar más de lo común en los alumnos, que ese aliento que vierta el maestro se transforme en una necesidad como el paso del estado encogido y pasivo, al estado activo, transformador radical del alumno.
El disfrutar el éxito gracias a los logros individuales, le permite al escolar trascender y ascender desde el abismo hasta la cima del Everest. La afectividad es la esfera mágica que ofrece al maestro respuestas a los problemas conductuales y académicos de los alumnos y permite al docente que realiza la praxis educativa palpar resultados como productos objetivos. Aquellos alumnos que nunca brillaron y destacaron como buenos alumnos, logran cambios notorios en sus resultados escolares.
Es conveniente que se sustituya el rol autoritario y déspota del maestro por una actitud más gentil de comprensión recíproca. Es prudente que el alumno no se sienta cercado por castigos, prohibiciones, censuras y actitudes que lo ridiculicen. El maestro no debe cansarse de perdonar los desaciertos de sus discípulos y ofrecer a cambio múltiples oportunidades.
Sin duda que los aspectos negativos de los seres humanos no edifican ni construyen a otros, por lo tanto, es benéfico para el ideal como fin, exhibir en la interacción social las actitudes positivas de los educandos. Hacer grandes los detalles a priori de los alumnos. Evidenciar lo mejor que posee y aporta cada estudiante.
Muy pocas personas se preguntan ¿A costa de qué mi hijo obtuvo 10 de calificación? Por otro lado se cuestionarán los profesores ¿A costa de qué logran resultados satisfactorios mis jóvenes estudiantes? No se pretende afirmar que en todos los casos los escolares obtienen buenas notas por presiones de los padres y maestros, por interés de obtener una recompensa, por autoritarismo, o porque a pesar de cualquier adversidad o situación ambiental ese alumno obtendrá notas satisfactorias.
Es conveniente que el alumno aprenda los contenidos educativos por el placer mismo del saber, por lo tanto, para enseñar a los alumnos hay que amarlos, el maestro debe buscar el camino que lo lleve al corazón de cada estudiante. Sólo entonces el maestro puede educar en ellos el sentimiento de alegría y amor por el trabajo.
Xóchitl